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Formas de bloquear el erotismo

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Los sexólogos William Masters, Virginia Johnson y Robert Kolodny elaboraron una valiosa lista con algunas de las formas más comunes en que solemos bloquear nuestro erotismo. Algunas de ellas tienen que ver con nuestro estilo de vida agitado, otras con nuestra actitud hacia la sexualidad y otras con emociones manejadas de forma inadecuada. Estos sexólogos señalan que es necesario prestar atención a estos signos ya que pueden desencadenar, junto a la presencia de otros factores, en situaciones de mayor gravedad como las disfunciones sexuales. He añadido comentarios a cada aspecto de la lista para que te hagas una idea más clara al respecto.

Darte cuenta si alguna de estas formas existe en tu vida sexual es el primer paso. Recuerda además que toda relación de pareja es el producto de la interacción y el aporte de sus integrantes, de modo que ambos pueden, y deberían, contribuir a atenuar estos factores de su vida sexual. Lee más y diseña tus propias estrategias creativas para que puedas disminuir o eliminar estas maneras de bloquear tu propio erotismo.

1. La costumbre de tener relaciones sexuales “sólo en el momento oportuno”

Esto suele pasar cuando la pareja tiene ya algún tiempo de convivencia, y sus integrantes se han establecido en una “zona de comodidad”. Piensan que ya conocen más o menos bien a la persona amada, comparten la rutina diaria, y conocen muchas de las intimidades del otro, por lo que la emoción inicial ha disminuido bastante. ¿Recuerdas cómo al inicio cualquier momento era una buena oportunidad? ¿Recuerdas cómo encontrabas fácilmente motivos para tener muchos encuentros sexuales? ¿Recuerdas qué sentías en tu cuerpo? ¿Recuerdas tus pensamientos y emociones en esos momentos? Inclusive, cualquier lugar era perfecto para hacer el amor. Cuando la relación llega a la zona de comodidad, cuando pensamos que conocemos al otro muy bien, cuando ya no nos sorprendemos mutuamente, la relación tiende a estructurarse en hábitos y rutinas, en deberes y compromisos. Olvidamos la espontaneidad. Nos volvemos más críticos y racionales, y sentimos menos, nos emocionamos menos, y nos ilusionamos muy poco. Siempre es bueno tener “ojos y corazón de niño” para amar, crear, reír y soltarnos en brazos del placer, donde no hay momentos peores o mejores para el sexo, sino sólo momentos y oportunidades únicos e irrepetibles.

2. La falta de privacidad

A menos que vivas en una situación de extremo hacinamiento, siempre puedes transformar tu habitación, por más pequeña que sea, en un lugar acogedor para el amor y colocar un seguro extra a tu puerta, si es necesario, para evitar que entren de súbito familiares u otras personas a la habitación. La falta de privacidad a veces es síntoma de límites poco claros o falta de límites sanos en las relaciones familiares. Todos necesitamos tiempo a solas para descansar, recrearnos y retomar energías. Para algunas personas esta necesidad es diaria, en cambio para otras puede ser suficiente con una o dos veces a la semana. Si tienes hijos, es conveniente que desde pequeños y de forma gradual, les vayas enseñando a respetar los momentos y espacios de cada integrante de la familia para estar a solas y en privado. De igual manera, los niños y cualquier otro miembro de la familia debe respetar el tiempo que la pareja necesita para estar a solas, y sin interrupciones.

3. Los límites que imponen el tiempo y el cansancio

La agitada vida diaria nos va desgastando física, emocional y mentalmente. A veces sentimos que la energía y la vida se nos escapa de las manos. Los minutos y las horas se dedican por completo al trabajo, a los quehaceres del hogar, a los hijos y las tareas escolares. Puedes finalizar el día completamente extenuado, y si esa situación persiste tu organismo se verá expuesto a una situación de constante estrés. Cuando esto suceda, haz un alto y recuerda que es necesario que te cuides primero para poder atender a tus seres queridos. Cambia algunos hábitos poco saludables como el sedentarismo y la alimentación escasa en nutrientes, vitaminas y minerales. Duerme más y dedica tiempo para disfrutar más, ya sea en familia o con tu pareja. Cambia los pensamientos de desesperanza por la gratitud, y la sensación de sentirte esclavizado a deberes por la actitud de aportar algo valioso a tu entorno y familia. Recuerda que el estrés puede afectar seriamente tu salud, y sin salud muy poco podrás hacer para reenergizar tu vida sexual.

4. La noción falsa de que el placer de la otra persona es "mi responsabilidad"

Es importante que seas sensible a las necesidades de tu pareja, y conocer qué quiere o desea. Sin embargo, no debes responsabilizarte totalmente por el placer que es capaz de sentir la otra persona. Cada uno de nosotros es responsable de su propio de placer, de conocerse, de abrirse emocionalmente al encuentro sexual, de compartir sus necesidades con el otro. El nivel de placer que puedes experimentar es algo que siempre puedes cultivar y mejorar a lo largo de tu vida. Cuentas con recursos para mejorar la calidad de tu vida y de tu sexualidad.

5. La idea de que el sexo es una cuestión seria

La sexualidad es sensación, emoción, sentimiento e imaginación. La sexualidad es más simple de experimentar cuando la vives y la sientes en tu cuerpo y en tu corazón, cuando te entregas y compartes. Los pensamientos sobre cómo “deberías” o “no deberías” comportarte en el sexo poco ayudan y más bien obstaculizan.

6. La convicción errónea de que sólo el hombre goza el acto sexual

Si midiéramos la historia de la humanidad, nos daríamos cuenta que durante muchos siglos el placer sexual le fue negado a las mujeres, y aún hoy en algunos sectores de la sociedad se sigue considerando el sexo como un hecho vergonzoso y un acto poco apropiado para “damas decentes”. Esta creencia aún persiste en el inconsciente de muchos hombres y mujeres, por lo que es necesario aprender a apreciar y valorar el derecho de cada mujer y cada hombre a vivir su sexualidad sin prejuicios, culpa o ansiedad. Muy especialmente, el hombre puede ayudar a la mujer a sentirse deseada, valorada y comprendida en sus necesidades y anhelos sexuales.

7. Falta de atención a la sensibilidad de la pareja

Una de las claves para saber amar, es saber ser sensible a las necesidades de tu pareja y escucharla. Prestar atención a lo que ella desea, a lo que le gusta y disgusta, y conversar sobre sexo es una habilidad que puedes desarrollar. Recuerda que hombres y mujeres podemos tener algunas diferencias en la forma en que nos gusta ser acariciados, o en nuestro tiempo de respuesta para alcanzar el orgasmo. También es cierto que ningún hombre ni ninguna mujer es igual, por lo que si tienes una nueva pareja es importante que dediques tiempo a conocerla y entender sus necesidades, preferencias y fantasías.

8. El mito de que la satisfacción sexual es sólo para gente joven y atractiva

Existe el prejuicio en nuestra cultura de que es poco apropiado que los adultos mayores (tercera edad) disfruten de su sexualidad. Inclusive se nos puede hacer desagradable pensar en eso, en especial si se trata de nuestros padres o abuelos. La realidad es que el deseo sexual y la capacidad para tener encuentros sexuales persisten a lo largo de las diferentes etapas de nuestra vida. La sexualidad en los adultos mayores es necesaria, ya que contribuye a mantener los vínculos de cercanía, intimidad y afecto, así como la presencia de romance, necesarios para contactar con la alegría de vivir.

Por otra parte, a través de la publicidad, el cine y la televisión vemos imágenes, muchas veces estereotipadas, de lo que es la belleza física, y podemos caer en la tendencia a compararnos. Como ser humano, eres único e irrepetible, y por eso amar y apreciar tu propio cuerpo, con todos sus rasgos, tamaño y formas es esencial para sentirte a gusto en el sexo. Tu cuerpo es capaz de realizar todos los delicados y complejos mecanismos fisiológicos que te permiten sentir y disfrutar de tu sexualidad. Una maravilla que puedes valorar y apreciar cada día en ti!

9. Pensar, distraerse o preocuparse durante el acto sexual

Según algunas culturas orientales antiguas, es necesario “cortarse la cabeza” cuando se hace el amor. Es muy cierto que para disfrutar del sexo no es necesario el pensamiento consciente y racional. Si tiendes a querer tener todas las cosas en tu vida bajo control, o si sueles tener pensamientos persistentes sobre algo que te preocupa o algo que pasó durante el día, probablemente te resulte difícil dejar de pensar durante el acto sexual. Te puede ser de ayuda aprender a canalizar tus pensamientos, sin reprimirlos, y usar otras técnicas como la visualización y la meditación.

10. Enojo con la pareja, sin expresarlo verbalmente.

El enojo es una emoción intensa. Si lo expresamos es necesario saber cómo expresar el enojo sin herir ni agredir a la otra persona. Cuando guardas tu enojo hacia alguien, la emoción se convierte en resentimiento, y desde este sentimiento tu capacidad para dar y recibir afecto, así como tu capacidad para entregarte física y emocionalmente a nivel sexual se ve afectada. Esto aplica para hombres y mujeres.

Fuentes:


Masters, W.H., Johnson, V.E. y R.C. Kolodny (1994). Heterosexuality.

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