
Sin caricias morimos. El amor y las caricias físicas son vitales para el ser humano y así lo demostró una conocida, pero triste, investigación realizada alrededor de 1945 en centros hospitalarios por el psicoanalista René Spitz. Observó que cuando los bebés y niños pequeños eran separados de sus madres y ubicados en una organización impersonal y carente de afecto por largos períodos de tiempo, comenzaban a presentar angustia, trastornos en la alimentación y el sueño, y retardo en su desarrollo físico- motor. El hecho más impactante fue constatar que los casos de muerte en recién nacidos aumentaba cuando las enfermeras los trataban con total desdén.
No sólo los bebés y niños pequeños necesitan de afecto y ciudados. Se han hecho experimentos en los que a personas adultas se las priva totalmente de cualquier tipo de estímulo. Tras 24 y 48 horas la persona comienza a tener alucinaciones. Se "autoestimula" para mantener su equilibrio.
En la vida de una pareja las caricias no sexuales, los gestos de afecto, ternura y cariño, son primordiales para la relación. Constituyen una poderosa forma de comunicar al otro tu amor incondicional y cuánto valoras su presencia en tu vida. Al dar y recibir caricias la pareja se nutre mutuamente, a la vez que cada uno se fortalece emocionalmente. Dar y recibir también implica crecer como personas para ser capaces de compartir nuestra intimidad emocional con nuestra pareja. Hay quienes por miedo a la intimidad emocional, se esconden trás una máscara de dureza, considerando que las muestras de cariño son sentimentalismos innecesarios. Sin embargo, para amar de verdad es necesario no temer a ser vulnerables, aunque eso a veces duela.
El ejercicio de apertura al placer sensorial es una poderosa herramienta que a través del dar y recibir caricias no sexuales, va fortaleciendo el vínculo emocional entre la pareja. La confianza para entregarse al otro emocionalmente es un paso esencial para la intimidad sexual.
Photo credit: ©Brett Jordan/Creative Commons

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